Floris Generica - Eduardo Catalano                               Buenos Aires, Argentina


  
Intersubjetividad y vínculo
David Benhaim

En el campo del psicoanálisis contemporáneo, coexisten varias teorías de la intersubjetividad. Sin embargo, se oponen en la medida en que varían sus referencias teóricas y contextos culturales. Bernard Brusset en su informe presentado al 66 congreso de psicoanalistas de lengua francesa llamado Métapsychologie des liens et troisième topique (Metapsicología de los vínculos y tercera tópica), escribe: «La intersubjetividad es una noción descriptiva que implica la reciprocidad entre dos sujetos, entre dos seres deseantes; está hecha de una co-actividad psíquica diferente de aquella que es propia de cada uno». Esta definición subraya en principio el hecho que la noción de intersubjetividad es descriptiva, dicho de otro modo permite, en el plano fenomenológico, describir una cierta categoría de fenómenos pero no puede explicarlos. Una segunda característica sería la reciprocidad entre dos sujetos deseantes. Según el Vocabulaire technique et critique de la philosophie (Vocabulario técnico y crítico de la Filosofía) de André Lalande, reciprocidad : « se dice de toda acción o de toda relación que, estando dados los dos términos A y B, se ejerce o subsiste a la vez en el sentido de A hacia B y en aquél de B hacia A.» Una tercera característica sería aquella de la "co-actividad psíquica": los dos sujetos comparten una misma actividad psíquica o un mismo sentir. Brusset subraya la afinidad de la noción con la fenomenología existencial de la cual los representantes son Husserl, Heidegger.
 

Tópicamente, la sitúa en el nivel de la experiencia consciente y preconsciente, lo que explica su carácter puramente descriptivo. Su pertenencia a estos niveles psíquicos la inscribe en la lógica del «desconocimiento del inconsciente pulsional, de la conflictualidad intrapsíquica y con más razón aún de la transferencia. En efecto, esta última subvierte la relación intersubjetiva y pone en juego las ilusiones posibles de la comprensión psicológica del "encuentro", del compartir afectivo, de la empatía y la simpatía.» (p.1222). De hecho la intersubjetividad no podría ser más que portadora de ilusiones que la transferencia se encarga de hacer astillas.
 

Lo que se desprende claramente de esta concepción de la intersubjetividad es que Brusset no la separa de su contexto fenomenológico y continúa pensándola en una perspectiva filosófica. Escribe: «Después de Husserl, Heidegger y Biswanger, la fenomenología existencial, valoriza la vivencia, la experiencia subjetiva, el encuentro, el "ser allí" y el "ser con", la consciencia de la experiencia vívida de la intersubjetividad. El objeto es en principio el otro como otro sujeto, de allí la dialéctica hegeliana de la consciencia de sí mismo y del reconocimiento, ilustrada por la dialéctica del amo y del esclavo.». Es importante notar que el acento puesto por el pensamiento fenomenológico sobre la noción de Otro, de reciprocidad responde al encierro del pensamiento moderno desde Descartes en el solipsismo del Cogito que encierra al sujeto pensante en la única certeza de si mismo. Para salir de allí, Descartes se ve obligado a apelar a un subterfugio para lo menos problemático, una idea de Dios que él concibe en su mente y que va a devenir como garante de la existencia de un afuera y de los otros...
 

La referencia de Brusset a Lacan me parece servir más de argumento para invalidar la noción y separarla del campo psicoanalítico aunque la critica y habla de un "extravío topológico" (p.1224) del psicoanálisis. « A continuación del post-hegelianismo, Lacan ha sido uno de los primeros en introducir la noción [ de intersubjetividad], escribe René Kaës, privilegiando sus efectos de alienación sobre un sujeto esencialmente sujetado al deseo del otro, siendo este último sólo un representante inadecuado del gran Otro. Lacan no describe la realidad psíquica que se produce por y en el vínculo intersubjetivo más que para retener la consistencia imaginaria. Su crítica del grupo es la consecuencia.» La conclusión de Brusset es clara: «La intersubjetividad que interesa al psicoanálisis está en relación con la intrasubjetividad», él va hasta desear la eliminación del término cuando escribe: « hay menor ambigüedad al hablar de interpsíquico que de intersubjetivo.» Para Brusset, en suma, la intersubjetividad se reduce a la toma en consideración del lugar del otro en el espacio intrapsíquico.
 

Es curioso constatar que el hecho de abordar la noción a partir del psicoanálisis no lo conduzca a una crítica de la perspectiva filosófica y a una tentativa de volver a pensarla. ¿En cuáles condiciones podría devenir una noción, psicoanalítica de pleno derecho? Pienso que el obstáculo epistemológico, para retomar la noción de Bachelard, que le impide considerarla de otro modo, es el hecho que queda apresado del punto de vista intrapsíquico que es fundamental cuando se trata de la cura individual. Del mismo modo si habla de una "co-actividad diferente de aquella que le es propia a cada uno", no persiste en avizorar más que un punto de vista intrasubjetivo. La posibilidad de que emerja otra realidad psíquica de la reunión de dos o más sujetos no está considerada ni parece poder serlo.
 

En dos notas importantes de su libro Un singulier pluriel (Un singular plural), René Kaës se interroga sobre lo que él llama la "retirada" de los psicoanalistas del debate sobre la intersubjetividad, al mismo tiempo que apela a las problemáticas a partir de las cuáles la noción se construye. En lo que concierne a la "retirada", la respuesta esencial que él avizora es el temor de ver volcar el centro de gravedad del psicoanálisis de lo intrapsíquico hacia lo relacional e interaccional si se hace de la intersubjetividad la condición de posibilidad de la vida psíquica. La posición de Brusset ilustra perfectamente este temor que, según Kaës, está parcialmente fundado; sin embargo « confunde el problema (la intersubjetividad como co-fundamento, con lo corporal, de la psique) con uno de sus enfoques conceptuales (el interaccionismo comportamental). Pero, sobre todo, la sola denuncia de este desvío termina por ocultar un cierto número de datos de base decisivos para el psicoanálisis mismo: que la cuestión de la intersubjetividad está fundada desde la fundación del psicoanálisis como una de las condiciones de la vida psíquica
 

En cuanto a la construcción de la noción, nos recuerda - como Brusset – que el concepto de intersubjetividad ha sido construido con las problemáticas filosóficas y psicológicas de la conciencia y del sujeto en su relación con el reconocimiento del otro. Las fuentes son diversas: la fenomenología hegeliana con la dialéctica del amo y el esclavo tal como Alexandre Kojève la retomará en Francia; la fenomenología de Husserl y de Heidegger introducida en Francia por Levinas, y popularizada por Sartre y Merleau Ponty. Pero está también la lingüística de la enunciación, la psicología de la interacción y la etnología (G. Devereux).
 

A esta concepción de la intersubjetividad, querría oponer aquella que propone Kaës, la cual no es solamente descriptiva sino que permite comprender y pensar estos conjuntos que son los grupos, las familias y las parejas así como los vínculos formados por los miembros de estos conjuntos.
 

Es importante señalar la perspectiva a partir de la cual él la enfoca: una perspectiva grupal.
 

El grupo constituye un paradigma metodológico que hace posible el análisis de los conjuntos intersubjetivos y la emergencia de formaciones y procesos psíquicos inconscientes específicos, inaccesibles de otro modo. Esta perspectiva permanece en lo estrictamente freudiano. En el último capítulo de su libro Un singular plural, propone una definición que retengo y que querría comentar: «He llamado intersubjetividad a la estructura dinámica del espacio psíquico entre dos o más sujetos. Este espacio común, conjunto, compartido y diferenciado comprende los procesos, las formaciones y una experiencia específica, a través de las cuales cada sujeto se constituye, por una parte que concierne a su propio inconsciente. En este espacio, en ciertas condiciones, particularmente aquella del desprenderse de las alianzas que lo mantienen asujetado a los efectos del inconsciente, pero también que lo estructuran, un proceso de subjetivación hace posible de devenir Yo [Je] pensando su lugar en el seno de un Nosotros.» Es en su sentido y su contexto europeo que Kaës utiliza esta noción. La primera idea que se desprende de esta definición es aquella del espacio psíquico: la reunión de dos o más sujetos da lugar a la emergencia de un nuevo espacio psíquico distinto de aquél de los sujetos que lo constituyen y cuya estructura es dinámica, dicho de otro modo constituido por un conjunto de fuerzas que pueden oponerse, reforzarse o unirse para dar nacimiento a otras que de allí resultan. Estas fuerzas son de origen pulsional. Allí, una nueva realidad psíquica se instaura «que se especifica por las relaciones de sujetos en tanto ellos son sujetos del inconsciente.» Este espacio es común a todos los sujetos del conjunto; lo « común » como lo caracteriza Kaës, «es la substancia psíquica que une a los miembros de un vínculo, cualquiera sea la configuración: una familia, una pareja, un grupo.» Este espacio es también un espacio compartido, es decir que cada uno toma allí el lugar que le corresponde. Lo "compartido" es como él escribe, «  la parte que toma cada sujeto o […] el lugar propio y complementario que él ocupa en un fantasma, una alianza, un contrato, un sistema defensivo común respecto al vínculo. » Finalmente, es también diferente, lo que quiere decir que una parte de este espacio permanece privada y singular. Es la parte que le corresponde al sujeto singular, aquella que no es ni común ni compartida. Es un espacio subjetivo individualizado.
 

Este espacio psíquico intersubjetivo es el lugar donde se desarrollan los procesos, donde se constituyen las formaciones psíquicas y una experiencia específica, dicho de otro modo una experiencia que le es propia, resultado de la composición de un conjunto y de los vínculos que allí se tejen. Además los vínculos son una composición variable entre estas tres modalidades de lo común, lo compartido y lo diferente.
 

Es a través de estos procesos, formaciones y esta experiencia que se constituye cada sujeto, lo que se puede formular diciendo que la intersubjetividad es la condición del proceso de la subjetivación y de la construcción de la subjetividad. O para retomar la formulación de Kaës: «La subjetivación es un proceso de la transformación del sujeto asumida por el Yo [Je], y este proceso está bajo los efectos de la intersubjetividad, es decir de la situación de los sujetos del inconsciente en el vínculo. Se podría decir también que la condición del proceso de subjetivación es la intersubjetividad.» Esta concepción de la intersubjetividad nos aleja completamente de toda perspectiva que quisiera reducirla a un conjunto de fenómenos interaccionales. «La intersubjetividad, agrega, es lo que comparten estos sujetos formados y vinculados entre ellos por sus sujetamientos recíprocos – estructurantes o alienantes – a los mecanismos constitutivos de lo inconsciente: las represiones y las renegaciones en común, los fantasmas y los significantes compartidos, los deseos inconscientes y las prohibiciones fundamentales que los organizan. » Los sujetos de estos conjuntos están doblemente sujetados, como sujetos del inconsciente y como sujetos del conjunto. « El sujeto del inconsciente es un sujeto sujetado a las formaciones y a los procesos del inconsciente, escribe Kaës, él está bajo el efecto de un orden, de una instancia, de una ley que le constituye como sujeto. » En su artículo La matrice groupale de la subjectivation: les alliances inconscientes (La Matriz Grupal de la Subjetivación: las alianzas inconscientes), precisa que en su fórmula bajo el efecto de el dees un genitivo que debe ser comprendido como una precesión y una procesión. Dicho de otro modo, el orden, la instancia, la ley preceden al sujeto quien a su turno procede de ellos. Es en ese sentido que hablamos de sujeto sujetado. « Al sujetamiento está ligada la noción de una asignación correlativa del sujeto y del objeto a los emplazamientos comandados por la exigencia del trabajo de la pulsión, por los escenarios fantasmáticos y por los abandonos de las identificaciones del yo [Moi] para adoptar nuevas identificaciones al servicio del Ideal.» Kaës subraya la paradoja del sujeto: está sujetado y estructurado en su asujetamiento. Esto es lo que hace posible el proceso de subjetivación pero en ciertas condiciones: invoca los mecanismos de desprendimiento que « permiten progresivamente al sujeto, según Laplanche y Pontalis, liberarse de la repetición y de sus identificaciones alienantes», aquí, las alianzas alienantes que mantienen al sujeto sujetado a los efectos del inconsciente. Esto nos pone en presencia de otro destino posible del sujetamiento: la alienación que, precisa Kaës, «es el abandono o el sacrificio de una parte de sí al provecho del poder de un otro interno o externo (instancia, persona, idea…).»
 

Este análisis muestra que el inconsciente del sujeto está sujetado y trabajado por los vínculos intersubjetivos que le preceden en el grupo familiar primario, por las alianzas inconscientes que son allí anudadas y cuya función es mantener esas ligaduras en los espacios psíquicos que el sujeto comparte con más de un otro. « Eso viene a decir, escribe Kaës, que la cuestión de la intersubjetividad consiste en el reconocimiento y la articulación de dos espacios psíquicos parcialmente heterogéneos dotados cada uno de lógicas propias.» ¿Cuáles son las lógicas que hay que articular?
 

La cura individual nos ha habituado a una lógica de procesos y de formaciones internas, la lógica de lo intrapsíquico o de lo intrasubjetivo. La intersubjetividad nos descentra con respecto a lo que se podría llamar el punto de vista del sujeto o la centración sobre el sujeto. Su lógica es aquella de las correlaciones de subjetividades, como lo llama Kaës, « una lógica de la conjunción y de la disyunción, donde la fórmula podría ser enunciada de la manera siguiente: « No uno sin el otro y sin el conjunto que los constituye y los contiene; el uno sin el otro, pero en el conjunto que los reúne.» Dicho de otro modo, el sujeto sólo puede ser y ser pensado en la intersubjetividad.
 

Es dentro de este cuadro teórico que es posible pensar el vínculo en su especificidad. Terminaré dando un rápido ejemplo tomado del libro de Kaës Le complexe fraternel (El complejo fraterno) que ilustra lo que precede. Los hermanos constituyen un grupo que se construye y funciona como un espacio psíquico común y compartido. Cada uno de sus miembros está dividido entre, por un lado, la necesidad de abandonar una parte de sus identificaciones, de sus pensamientos e ideales, condición del mantenimiento del grupo y de su vínculo con la fratria, y por otro lado, la exigencia de conservar un espacio subjetivo propio. Este ejemplo es tanto más interesante cuanto que Kaës en su libro sostiene la tesis siguiente: « el complejo fraterno es uno de los organizadores psíquicos inconscientes del vínculo: de familia, de pareja, de grupo» (2008, p.28).

 

El Vínculo

Es una noción que no forma parte del léxico psicoanalítico, no figura en el Vocabulario de Psicoanálisis de Laplanche y Pontalis y no se encuentra tampoco en la lengua de los post-freudianos con la excepción, lo veremos, de Bion.
 

Bernard Brusset, en su trabajo Metapsicología de los vínculos, no le concede ningún sentido preciso que lo distinguiera de la relación de objeto. Es en las corrientes psicoanalíticas que abordan el estudio de los grupos, las parejas y las familias que vemos aparecer una reflexión sobre la noción, que la distingue de la relación de objeto y la establece en su especificidad. El mayor esfuerzo puesto y cumplido «para inscribir la cuestión del vínculo en el psicoanálisis», se lo debemos al trabajo de René Kaës. Pero antes de abordar su concepción, me gustaría repasar rápidamente algunos otros aportes significativos, comenzando por el de Bion.
 

Bion

La noción de vínculo es una noción central en la obra de Bion. He aquí como él mismo define su empleo: «Empleo la palabra « vínculo » porque deseo examinar la relación del paciente con una función más bien que con el objeto que cumple una función: no me intereso solamente por el pecho, el pene o el pensamiento verbal, sino por su función, que es la de hacer vínculo entre dos objetos.» No se interesa sólo por los objetos y sus cualidades propias sino por los vínculos que los unen por medio de su función. Para desarrollar esta concepción, partiré de una idea que atraviesa toda su obra : la insuficiencia del aparato psíquico para metabolizar las experiencias emocionales. Se trataría de una falla originaria que hace necesaria la presencia de otro aparato que reciba, desintoxique y digiera las emociones para transformarlas en pensamientos que puedan ser pensados. Bion atribuye esta capacidad de rêverie, a la madre. Escribe: «La rêverie es un estado de espíritu receptivo a todo objeto proveniente del objeto amado, un estado de la mente capaz, dicho de otro modo, de acoger las identificaciones proyectivas del lactante, sean sentidas por él como buenas o malas. En resumen la rêverie es un factor de la función alpha de la madre.» Bion parte de la pareja madre - lactante. ¿Qué es lo que allí sucede? El lactante evacúa los elementos inasimilables por su psiquis, aquellos que Bion llama los elementos proyectándolos en la madre. Por su actividad mental, o sea su capacidad de rêverie, la madre opera una transformación de los elementos en elementos para enseguida restituirlos al lactante. Estos últimos representan las impresiones tanto sensoriales como emocionales que son almacenadas en la memoria y forman el tejido de la actividad psíquica. Sirven para la formación de los sueños, los pensamientos y las barreras de contacto que separan lo consciente de lo inconsciente. Son el producto de la función . Como lo hace destacar Green en su artículo La capacidad de rêverie y el mito etiológico: « Implícitamente, Bion admite que el niño al nacer está modelado por la predominancia del modelo digestivo a partir de la experiencia con el pecho. Sin embargo, este modelo digestivo está acoplado a un modelo psíquico apuntalado sobre él. O sea que aún cuando el seno materno nutra bien al niño, la conservación del pecho bueno no es suficiente para engendrar el pensamiento. Es una condición necesaria pero no suficiente. El apuntalamiento de la psique sobre lo digestivo permite comprender la necesidad de postular que se retome sobre el plano intersubjetivo. O sea, la madre "digiere" psíquicamente las proyecciones de la mente del niño (ella las remacha, gracias a su capacidad de rêverie) y lo nutre devolviéndole lo que ella produjo por pre-asimilación. El niño recibe entonces una segunda alimentación, metafórica de la primera. Se nutre no del seno corporal, sino del seno psíquico de la madre. La madre acumula en ella el « vómito » del niño y hace lo que el niño no puede aún hacer: ella lo ha "psiquizado" y ha transformado esta nutrición "concreta" en nutrición psíquica. Esto al niño le va a servir para poder construir su objeto psíquico interno, conservando ese seno psíquico primitivo que le permitirá elaborar progresivamente, a partir de este pensamiento incoativo, un aparato para pensar los pensamientos capaz de notación y de anticipación. Este no soporta pasivamente los acontecimientos sino que va a su encuentro

El vínculo con la madre se sitúa pues en el origen de la constitución del aparato para pensar. Dicho de otro modo, el lactante interioriza la función de la madre y va a poder así crear pensamientos y significaciones. Como lo subraya Green, la madre tiene una función vinculante: «Dos órdenes de vínculos están aquí en juego. Aquellos que operan intrapsíquicamente desde el lactante (gracias a la función ) y aquellos que se instalan intersubjetivamente entre la madre y el niño (transmisores de la función ) que presuponen esta función en la madre. La originalidad de la posición de Bion consiste en considerar la rêverie como soporte del amor (o del odio) de la madre en su relación con el niño.» O como lo escribe Bion mismo: «Si dejo de lado las vías propiamente físicas de comunicación, llego a pensar que su amor se expresa por la rêverie.»

«La capacidad de rêverie de la madre, agrega, es aquí inseparable del contenido porque evidentemente este depende de aquella.» ¿Cuál es el contenido de la rêverie de la madre? « Si la madre nutriente, prosigue Bion, no es capaz de dispensar su rêverie o si la rêverie dispensada no se duplica de un amor por el niño o por el padre, este hecho será comunicado al bebé, aún cuando para él sea incomprensible. La cualidad psíquica será transmitida por los canales de comunicación que forman los vínculos con el niño.» La madre sueña al padre o al niño, lo que introduce una triangulación precoz para el niño. «Que es soñar al padre?, se pregunta Green. Es soñar con el vínculo existente entre los padres y entre el bebé y el padre, de quiénes la madre es, el lugar común.» Es en la cerrada relación madre – lactante, apertura al tercero , como lo recalca de nuevo Green, «la puesta a distancia temporaria del lactante para la reconstitución de la unidad dual de la relación sexual. Todas las madres no consiguen siempre acomodarse a este pasaje de un objeto al otro.» Se puede pensar aquí en la censura de la amante de la que hablan Michel Fain y Denise Braunschweig, que «debe entonces ejercerse de tal manera que pueda permitir a los padres olvidar, durante el tiempo del encuentro amoroso, que precisamente son padres.» Lo que Marilia Aisenstein comenta así: « al volverse amante, la madre se ausenta para el niño lo que trae consecuencias simbólicas y debería abrir la vía a una reactivación de las representaciones ligadas al poder de erotización del masoquismo primario.» Pero querría desplegar una última significación – esencial según pienso – que da Green a este « soñar al padre ». Ve en esto la ocasión para la madre de « acordarse – ya - que la felicidad de la relación madre – niño no dura más que un tiempo, y que debe ser plenamente vivido» pero esto significa también para ella que el niño no le pertenece: «él se pertenece tanto como la pareja parental se pertenece y exige periódicamente «el olvido» del niño.» Si esto no sucediera así, el niño quedaría «su vida entera aferrado a su objeto para liquidar un contencioso jamás borrado.

Dicho de otro modo, el aferramiento es lo contrario del vínculo, puesto que el aferrarse deja desesperadamente fijado al mismo objeto, mientras que el vínculo se desplaza y puede devenir vínculo de vínculo, o sea no sólo relación, sino relación de relación; esto es el pensamiento.»

Terminaré esta sección consagrada a Bion evocando la descripción de una serie de vínculos como aquellos de la relación continente-contenido o bien los vínculos (L), (H), (K), o sea, amor, odio, conocimiento. Él privilegiará este último (K) «porque tiene una importancia particular para el analista : en efecto se refiere directamente al aprendizaje por la experiencia.» Es igualmente importante precisar que el vínculo (K) no designa el conocimiento que se tiene de un objeto sino la disposición para conocerlo. Bion hace del conocimiento una experiencia emocional. «La pregunta:«Cómo x puede conocer algo?», escribe, traduce un sentimiento doloroso e inherente a la experiencia emocional que yo represento por xKy (x conoce y). Siguiendo la capacidad de tolerar la frustración que tiene la personalidad, una experiencia emocional sentida como dolorosa apela sea a una tentativa para huir del dolor, sea a una tentativa por modificarla. La huída o la modificación de acuerdo con lo que dice Freud en Formulaciones sobre los dos principios de funcionamiento psíquico, tienden a suprimir el dolor. Hay una tentativa de modificación cuando la relación xKy es utilizada como manera de obtener una relación donde x es el poseedor de un conocimiento llamado y […]. Hay tentativa de huída, por otra parte, cuando la significación « x es poseedora de un conocimiento nominado y» es reintroducido a fin que xKy no represente más una experiencia emocional dolorosa sino una supuesta experiencia desprovista de dolor. »

 

Enrique Pichon-Rivière

Es en la Argentina que la cuestión del vínculo ha sido y continúa siendo desarrollada en toda su amplitud: el primero en haber dado derecho de entrada a la noción de vínculo en el pensamiento psicoanalítico ha sido Enrique Pichon-Rivière en sus libros Teoría del vínculo y El proceso grupal constituyendo el punto de partida de una reflexión que se va a continuar a través de nombres como Marcos Bernard, Janine Puget, Isidoro Berenstein, Rodolfo Moguillansky por no citar más que algunos.

En el prólogo de su libro El proceso grupal, Pichon-Rivière nos habla de su trabajo con psicóticos y de su investigación sobre los procesos transferenciales que le han dado prueba evidente de «la existencia de objetos internos, de múltiples "imago", que se articulan en un mundo construido según un progresivo proceso de internalización.» El mundo interno le parece configurado como un escenario donde se puede reconocer « el hecho dinámico de la internalización de los objetos y de las relaciones.» A su parecer ese escenario interior representa una tentativa por reconstituir la realidad exterior, pero el pasaje fantaseado del « afuera » hacia lo intrapsíquico, hacia el « adentro » imprime a los objetos y a los vínculos modalidades diferentes. Compara ese proceso con el de la representación teatral: el texto no se repite de forma idéntica pero cada actor recrea la obra y el personaje según una modalidad particular. «El tiempo y el espacio se incluyen como dimensiones en la fantasía inconsciente, crónica interna de la realidad.» Es en este contexto que introduce la cuestión del vínculo: «La indagación psicoanalítica de ese mundo interno me llevó a ampliar el concepto de relación de objeto formulando la noción de vínculo, al que defino como una estructura compleja que incluye un sujeto, un objeto, su mutua interrelación con procesos de comunicación y de aprendizaje. Estas relaciones intersubjetivas son direccionales y se establecen sobre la base de necesidades, fundamento motivacional del vínculo. Dichas necesidades tienen un matiz y una intensidad particulares en los que ya interviene la fantasía inconsciente. Todo vínculo, así entendido, implica la existencia de un emisor, de un receptor, una codificación y decodificación del mensaje.» Más adelante agrega: « Por eso insistimos que en toda estructura vincular – y con el término estructura ya indicamos la interdependencia de los elementos – el sujeto y el objeto interactúan realimentándose mutuamente. En ese interactuar se da la internalización de esa estructura relacional, que adquiere una dimensión intrasubjetiva. El pasaje o internalización tendrá características determinadas por el sentimiento de gratificación o frustración que acompaña a la configuración inicial del vínculo, el que será entonces un vínculo "bueno" o un vínculo "malo".»

La dificultad que genera la noción de vínculo en Pichon-Rivière es, según la crítica pertinente de Kaës, que proyecta sustituir la noción de pulsión por la de vínculo, «la estructura de vínculo siendo entonces entendida como el efecto de un proto-aprendizaje, es decir como el vehículo de las primeras experiencias sociales que constituyen al sujeto mismo, sobre la negación del narcisismo primario.» Por otra parte me pregunto si los términos de emisor, receptor, mensaje, codificación y decodificación no remiten a una teoría de la comunicación de tipo interaccionista, en las antípodas mismas del psicoanálisis.

 

Marcos Bernard

Es otro psicoanalista argentino que ha trabajado la cuestión del vínculo. Vínculo y relación de objeto, El inconsciente en la teoría vincular, Los organizadores del vínculo, De la pulsión al otro, son algunos títulos de artículos dedicados a reflexionar sobre el vínculo. El pensamiento de Marcos Bernard es un pensamiento complejo y difícil, me limitaré, para presentar su concepción del vínculo, a dos cuestiones: los orígenes del vínculo y la articulación y la correspondencia que establece entre vínculo y relación de objeto. En su artículo Vínculo y relación de objeto, toma como punto de partida de su reflexión la idea del estado de encuentro tal y como lo expone en La violencia de la interpretación Piera Castoriadis-Aulagnier: « La psique y el mundo se encuentran y nacen uno con otro, uno a través del otro; son el resultado de un estado de encuentro al que hemos calificado como coextenso con el estado de existente. […] La primera representación que la psique se forja de sí misma como actividad representante se realizará a través de la puesta en relación de los efectos originados en su doble encuentro con el cuerpo y con las producciones de la psique materna.» Los orígenes del vínculo constituyen una cuestión que preocupa a Bernard quién retorna repetidas veces a este tema en sus escritos. Sitúa este origen en los momentos que siguen al nacimiento que no considera como un acontecimiento puntual sino más bien como un proceso «que avanza con la maduración del infans.» La madre, antes del nacimiento, es un complemento biológico del bebé quien no tiene ninguna percepción de ella. Esta unión se rompe con el nacimiento y la simbiosis biológica cede su lugar a la simbiosis psicológica: « la prematuración del recién nacido, factor decisivo determinante de las características que asumirá su desarrollo futuro , necesita de este proto – vínculo, en el cual tendrán lugar las vicisitudes del nacimiento psicológico. La membrana - la piel – que envolvía al nonato ha sido reemplazada por una nueva: la del vínculo simbiótico con la madre. La sobrevida del niño sólo es posible dentro de la unidad dual con la madre (o su sustituto). El nuevo vínculo simbiótico restablece, en ese primer y fugaz momento, la primitiva fusión.»

En esos primeros momentos, escribe, existe un registro de parte del lactante que corresponde a lo que Aulagnier ha descripto como pictograma. En acuerdo con su modelo teórico, Bernard llamará a esta representación grupo interno. «Encontraremos que un solo elemento (pecho fusionado a la boca del niño) contiene lo que, desde un observador externo, es una relación de dos.» Sin embargo, ese momento no podría durar y, como lo destaca, «la escansión producida por la secuencia de presencias y ausencias de la madre, introducirá un elemento de discriminación, que aparecerá como una efracción en la piel del vínculo» Este momento corresponde, según Bernard, con cambios profundos en el registro del niño : por una parte la emergencia de la sexualidad que se separa de la función nutricia, desplazamiento de la leche hacia el seno que deviene un objeto sexual; y por otra parte, «la pulsión sexual da lugar a la emergencia del autoerotismo, con la alucinación optativa del seno que podemos poner en el lugar mítico de la primera fantasía.» De este modo, la primera producción de representación que se forma en el sujeto humano – la alucinación optativa del pecho – es la marca o la huella que deja un proto-vínculo en el psiquismo en formación y que corresponde a este período de la unidad dual. Sin embargo, para Bernard, esta relación diádica esboza ya una diferenciación. El Edipo está presente como aporte de la psique maternal y produce una estructura. Citando a Brusset, adelanta que esta diferenciación con el objeto es la condición misma de la introyección, lo que va a constituirlo como objeto interno en el metabolismo pulsional. Lo que será interiorizado y activará el desarrollo del psiquismo será «una relación de objeto, la imagen de un vínculo, una fantasía con contenido y estructura rudimentarias.» Bernard establece entonces la primera articulación entre un vínculo que comienza a formarse y una relación de objeto que le corresponde en el registro psíquico, pero asimismo la diferencia entre vínculo y relación de objeto: el vínculo se establece siempre con un objeto exterior mientras que la relación de objeto corresponde al fantasma de interiorización del vínculo. El vínculo precede a la relación de objeto. Sin embargo el texto de Aulagnier citado más arriba ponía más el acento sobre el encuentro y el engendramiento mutuo de la psiquis y el mundo. Comentando esta idea Bernard escribe: « el vínculo se crea en el momento en que él es representado y esta representación crea, en el mismo acto, el aparato psíquico. Imposible pensar en una relación más inextricable entre estos los dos conceptos.» Retomando la fórmula de Kaës, no el uno sin lo otro, y aplicándola a las relaciones entre el vínculo y la relación de objeto, escribe: «las relaciones de objeto son un motor del vínculo, en tanto se externalizan e invisten el mundo que rodea al sujeto a partir de la carga libidinal que movilizan. Organizan, crean a veces a partir de este procedimiento, los vínculos en los que participara el objeto y por esto van justo a crearlos. Este mundo exterior objetal es reinternalizado.»

 

Rodolfo Moguillansky

Rodolfo Moguillansky en su libro, Vínculo y relación de objeto, ante a la exigencia de abrir un debate sereno e imparcial sobre estas dos nociones, no esconde su más vivo interés por la cuestión del vínculo. Comienza por subrayar el laxismo con el cual el término es utilizado en un sentido amplio. Aún cuando Freud no lo ha tematizado, el vínculo está presente en su obra y representa una idea fundamental del pensamiento psicoanalítico desde sus origenes. Un sólo ejemplo servirá: una representación no adquiere significación para el psiquismo sino está articulada con otras representaciones, dicho de otro modo si no está vinculada con otras representaciones. A pesar de esta importancia, la idea de vínculo, como término teórico psicoanalítico, no hará su entrada en el vocabulario del psicoanálisis sino tardíamente.

La noción de vínculo es polisémica. Para estudiarla, Moguillansky partirá inicialmente del sentimiento de pertenencia que juega un rol central en las relaciones sociales. «Buena parte de nuestra inclusión en lo conjunto y los valores que allí se generan, se explican y se sostienen bajo esta premisa; el sentimiento de pertenencia -vivido como modo de ser parte de una misma familia- se hace presente en el saber popular del siguiente modo: si nosotros pertenecemos a lo mismo, somos lo mismo, tenemos los mismos intereses, deseamos lo mismo, tenemos una idea similar sobre el bien común o "lo común".»

Establecerá luego una distinción entre persona y personaje. El personaje es la persona concebida en una sola dimensión o donde una sola dimensión ha reemplazado a todas las otras: personaje es a persona, escribe, lo que la caricatura es al retrato. ¿Pero qué relación tienen estas nociones con la cuestión del vínculo? «El vínculo distribuye lugares que se significan recíprocamente. En tanto estoy en un vínculo, yo como persona, me encuentro en un conflicto entre el personaje que me asignan encarnar, que imagino me atribuyen y aquel que presupongo ser. Esto no sólo pasa por la conciencia, lo conjunto creado por los sujetos a su vez sujeta y determina lugares inconscientes los que son fuente de sentido.» «Los lugares, agrega, no coinciden totalmente con las características de quienes los ocupan, que quienes "personifican" estos lugares los desbordan, o, mejor aún, que lugar y persona se desbordan o exceden mutuamente. Así, la ilusión de lo compartible en una estructura vincular es mayor que lo que efectivamente se comparte.» El vínculo impone una tarea suplementaria al psicoanálisis: elaborar una teoría de lo conjunto.

«Cada persona simultáneamente pertenece a diferentes conjuntos, en los que se otorga un distinto lugar, se privilegia una determinada dimensión y se le atribuyen distintas significaciones. Participar en un vínculo lleva siempre a un conflicto entre el lugar que es adjudicado, los sentidos que son atribuidos, y las interpretaciones que ese sujeto hace de esas atribuciones. Este conflicto tiende a apaciguarse por la vía del sobre-entendido que encubre el malentendido entre estas diferentes fuentes de sentido y a la vez crea un saber que ilusoriamente elimina lo incompartible.[…] La noción de vínculo presupone, que no sólo significamos nuestras relaciones, sino que somos significados por ellas. El pensarnos incluidos en un vínculo, agrega una otra determinación inconsciente, aquella con la que estamos familiarizados, con la más clásica de lo inconsciente.» Sería interesante cotejar y confrontar esta reflexión sobre los conjuntos con la concepción que Kaës se hace del grupo como «estructura de llamado y de emplazamientos psíquicos impuestos y consentidos

Para Moguillansky, todo lo que concierne al vínculo tiene por tarea no sólo luchar contra el malentendido sino igualmente contra lo incompartible y tratarlo emocionalmente. El malentendido es un trastorno en el proceso de comunicación, que se apoya sobre la ilusión de un entendimiento siempre posible, por ejemplo, entre los miembros de una pareja. Están convencidos que comparten significaciones comunes y que su malentendido tiene su fuente en una interpretación equívoca. Del malentendido puede surgir un saber posible, afirma, eso que Kaës llama la negatividad relativa, y aquello que no se puede tolerar es lo que Kaës llama la negatividad radical.

Moguillansky plantea seguidamente una serie de cuestiones que abren pistas a la reflexión para la elaboración de una teoría del vínculo. Desearía detenerme brevemente sobre su concepción del vínculo.

«Con el término vínculo se intenta cubrir las experiencias emocionales tanto derivadas de los intercambios estables como las de contacto inédito.» Todo vínculo intersubjetivo estable tiene, según él, como fundamento una experiencia fusional construida sobre el modelo ilusorio de un encuentro con lo idéntico o complementario. En la relación parento-filial, his majesty, the baby (su majestad, el bebé); en el vínculo de alianza, el hecho de enamorarse; en las instituciones, los fenómenos de masa. La alteridad, lo extraño, lo diferente es abolido y se comulga en lo uno, se es parte de él. «La consistencia narcisistica de lo uno se articula en una función de formulación, la formulación de un dogma del cual se heredarán ideales vigentes en ese vínculo. Presuponer este modo de fundación no parte de un observable, es reconstruible desde la queja, la desilusión que se establece en cada vínculo por el pasado perdido.» La cuestión de lo uno puede compararse con el tema de la ilusión grupal tal como Anzieu la describe. Moguillansky va luego a enfrentarse con la cuestión de la desilusión, de lo negativo entendido en el sentido corriente del término como lo inverso de lo positivo: todo vínculo estable debe luchar poco después de su constitución con algo del orden de la desilusión: « una falta, una ausencia, un estorbo, una retardo, una interrupción por referencia a una continuidad ilusoriamente posible. Tanto desde nuestra realidad psíquica individual como en los vínculos que constituimos, no nos resulta fácil concebir el dolor como parte integrante de la vida mental. Es parte de las convicciones socialmente compartidas que la luna de miel no debiera terminarse; si termina es por una insuficiencia de la pareja. Es una creencia habitual que el dolor o el sufrimiento han aparecido por obra de algún suceso que ha interrumpido un estado previo de gracia. El mito del Edén, según el cual fuimos expulsados del paraíso por cometer el pecado original, es una creación cultural que da forma a esa creencia. Algún uso de la teoría del trauma entre los psicoanalistas, a mi juicio tiene un sentido similar.» Tres destinos se diseñan para tratar la desilusión en el vínculo, que citaré sin poder desarrollarlos: a/ la tentativa de recomponer la situación inicial; b/ la pérdida de la complejidad del vínculo : Moguillansky retoma aquí la noción de negativismo tal y como la entiende la psiquiatría para designar un estado emocional sin emoción. « Es la expresión del fracaso en un vínculo para convivir con un mundo relacional impregnado por sentimientos, el vacío emocional que reemplaza la emoción ante la desilusión. »; c/ el hecho de contener lo negativo: la negatividad. Se trata de un estado emocional que supera el reproche y lo sustituye en la medida en que contiene la desilusión. «Es el sentimiento sin resentimiento, la emoción no indiferente ante lo no esperado, ante lo no significado, ante lo imposible de significar, sin recurrir a una causalidad (a mi juicio esta descripción es compatible a nivel individual con, al menos, una versión de la posición depresiva). Es la condición de posibilidad de una mayor complejidad vincular.»

Qué retener de estas diferentes concepciones para esbozar una teoría del vínculo?

- La noción de vínculo establece desde su inicio la dependencia del bebé con respecto al Otro y pone en cuestión de forma radical toda concepción monádica de la psique humana. El desarrollo de la psique es tributario del aporte de este Otro o de su carencia.

- Bion y Bernard fundan los orígenes del vínculo en la pareja madre - bebé. Junto con Pichon-Rivière, ellos consideran que el mismo se establece sobre la base de las necesidades y yo agregaría del estado de desamparo del bebé. La noción de rêverie de la madre esta muy próxima al estado de encuentro de Piera Aulagnier que retoma Bernard. Ambos muestran como la psique del bebé o el aparato para pensar se constituyen en este encuentro a partir del trabajo de la madre sobre las experiencias emocionales del bebé, para retomar los términos de Bion. La concepción del vínculo intersubjetivo estable de Moguillansky, fundado sobre una experiencia fusional, la cual él llama el uno, podría ser interpretada como deseo de retorno a esta simbiosis primaria con la madre, a este período de la unidad dual con su proto-vínculo.

- Pichon-Rivière y Bernard establecen netamente la diferencia entre vínculo y relación de objeto al mismo tiempo que los articulan. Para las necesidades del análisis, podríamos decir que el vínculo precede la relación de objeto en la medida en que esta última corresponde al fantasma de interiorización de un vínculo que se forma y se desarrolla con un objeto de la realidad exterior. Pichon-Rivière subraya que ese escenario interno que es la relación de objeto representa una tentativa para reconstituir la realidad exterior. Sin embargo esta última sufre una deformación en el curso del pasaje fantasmático del "afuera" hacia el "adentro". La aplicación de la fórmula de Kaës, no lo uno sin lo otro, a las relaciones entre el vínculo y la relación de objeto permite, como lo muestra Bernard, entrever una relación dialéctica donde las relaciones de objeto aparecen como motor de los vínculos, los organizan y asimismo los crean, pero estos últimos son a su vez reinternalizados, organizando o creando, a su turno, las relaciones de objeto.

- Finalmente, las cuestiones de la desilusión y del malentendido planteadas por Moguillansky me parecen ser constitutivas del vínculo, particularmente los vínculos de pareja, de familia y de amistad. Los psicoanalistas hablan poco o nada de amistad y yo me formulo como pregunta si una reflexión sobre los vínculos amistosos no enriquecería la cuestión del vínculo.

 

René Kaës

A mi juicio, la teoría del vínculo más completa, profunda y mejor elaborada es la de René Kaës; permite tanto en la cura individual como en la terapia de pareja pensar y trabajar el sufrimiento engendrado por los vínculos. Querría pues terminar esta reflexión con un esbozo de lo que él entiende por vínculo Esto que desarrollaré se articula íntimamente con el análisis de la noción de intersubjetividad que he esbozado más arriba.

Mientras la mayoría de los analistas que se han interesado por esta cuestión han tomado la existencia de los vínculos tal como los sujetos los viven y han intentado comprender los problemas que suscitan, Kaës ha buscado, desde el inicio, determinar las condiciones que hacen del vínculo una cuestión que se puede inscribir en el psicoanálisis, para retomar el título de uno de sus artículos :« La primera cuestión a plantear, habiendo reflexionado sobre los datos de la práctica clínica que nos confronta a pensar en el vínculo, es preguntarse si y cómo esta cuestión tiene una consistencia tal que podemos constituirla como uno de los objetos del conocimiento y de la práctica psicoanalítica.» Es la cuestión epistemológica. Este problema de fundación lo conduce a distinguir entre cuatro nociones: « aquella del vínculo como realidad psíquica específica, aquella de la configuración del vínculo en un conjunto particular (una pareja, una familia, un grupo, una institución), aquella del sujeto en el vínculo (y en ese tipo de vínculo), aquella del sujeto del vínculo en tanto sujeto del inconsciente.»

Para construir la problemática de los vínculos en psicoanálisis, Kaës parte de una hipótesis: para constituirse, el grupo pone en obra una construcción común, un aparato psíquico grupal (APG) comparable al aparato psíquico individual en su función pero irreductible a este último. Esta suerte de ficción eficaz, como lo llama él mismo, es un modelo de transformación que tiene la «capacidad de transmitir y de transformar una energía determinada.» L´APG es « no sólo una hipótesis sino ante todo un modelo que integra esta hipótesis en conceptos y proposiciones clínicas (o prácticas), a partir de un nuevo paradigma: el inconsciente se manifiesta en sus efectos en varios espacios psíquicos.» Kaës precisa que el APG « realiza un trabajo psíquico particular : producir y tratar la realidad psíquica de y en el grupo. Es un dispositivo de ligazón y de transformación de los elementos psíquicos y no funciona sino por los aportes de sus sujetos.» Añade: « En los grupos por el hecho del agrupamiento y por efecto del agrupamiento, se produce una cierta disposición (arrangement) de las psiquis, y este emparejamiento (appareillage) define la realidad psíquica o la «psiquis» del grupo.»

¿Qué entiende Kaës por emparejamiento? Se trata de una «conexión, de una articulación de dispositivos pulsionales y de fantasmas distintos y asimétricos, electivamente solicitados en su organización escénica y dramática, cada aparato psíquico sirviendo de mediación a los otros, el conjunto formando para cada sujeto una matriz psíquica predispuesta de entrada por la estructura edípica, pero cada vez declinándose en versiones particulares; de esta matriz se desprende el fantasma personal.» El emparejamiento, es la articulación entre el espacio psíquico individual y el espacio psíquico propio del grupo. De ese modo, calificará la experiencia de grupo como «la experiencia del ensamblaje, o del emparejamiento entre estos tres espacios [intrapsíquico, interpsíquico, transpsíquico]. […] El grupo es el conjunto de las tópicas articuladas, los vínculos entre los miembros del grupo reposan sobre un ajuste (accordage) específico de estas «tópicas» - de sus grupos internos, pero también de su economía y su dinámica psíquica.»

El corolario de esta proposición del APG es que «el grupo es una estructura de llamado hacia emplazamientos psíquicos necesarios para su funcionamiento y su mantenimiento.» Estos emplazamientos son impuestos y consentidos. ¿Qué es lo que el grupo impone ?

« El grupo impone a los sujetos un cierto número de coacciones psíquicas; conciernen los renunciamientos, los abandonos o las borraduras de una parte de la realidad psíquica : renunciamiento pulsional, abandono de los ideales personales, borradura de los límites del Yo o de la singularidad de los pensamientos, exigencias de creencia, de representación, de normas perceptivas, de adhesión a los ideales y a los sentimientos comunes. El grupo prescribe también vías de cumplimiento: desvía la función represiva, exige una cooperación al servicio del conjunto, ordena las leyes locales que rigen los contratos, los pactos y las alianzas inconscientes, preconscientes y conscientes.» ¿Qué ofrece a cambio de eso? «Asume un cierto número de servicios a beneficio de sus sujetos, servicios en los cuales ellos colaboran, por ejemplo, la edificación de mecanismos de defensa colectivos o la participación en las funciones del Ideal.» Hablando de su teoría por construir, Kaës precisa que se trata de « una teoría psicoanalítica del vínculo: una teoría que no será la de los fundamentos sociales del vínculo, ni de la psicología de la interacción, pero sí aquella de los movimientos del deseo inconsciente, deseo del otro y del objeto del deseo del otro.» Dicho de otro modo, está anclada en lo pulsional. Su modelo de referencia «permanece aquello que se instaura y se localiza en el campo de las transferencias establecidas por el dispositivo y la situación psicoanalítica.» Su preocupación principal es comprender «cómo calificar esta otra realidad psíquica que se produce en el vínculo, la realidad inconsciente común, compartida y diferente para cada uno de los miembros del vínculo.» Para ello, es necesario diferenciar vínculo y relación de objeto a fin de delimitar la especificidad del vínculo y de lograr rendir cuenta de ello.

¿Qué es lo que Kaës entiende por vínculo? Se confunde con la relación de objeto? Si no es así, ¿qué los distingue? ¿Cómo ambos se articulan? En Las teorías psicoanalíticas de grupo (1999), Kaës nos recuerda una distinción fundante de Enrique Pichon-Rivière quien distingue dos campos psicológicos en el vínculo: «un campo interno que define una relación de objeto con un objeto interno, y un campo externo que define un vínculo con un objeto externo» (p.86). Pichon-Rivière define la relación de objeto como «la forma particular que toma el Yo al ligarse con una imagen de un objeto localizado en él» (p.86). Se trata de una estructura dinámica puesta en movimiento por factores instintivos que funcionan de una manera determinada. La relación de objeto es la estructura interna del vínculo. El vínculo externo es el vínculo psicosocial. Queda aún por articular, precisa Kaës, cómo la relación de objeto es un componente del vínculo y subraya, en ese sentido, la diferencia entre el vínculo y la relación de objeto: «En el vínculo, escribe, tenemos que tratar con el otro. Esos otros no son sólo figuraciones o representaciones de pulsiones, de objetos parciales, representaciones de cosas o de palabras, del sujeto mismo; ellos son otros, irreductibles a lo que representan para un otro» (1999, p.87). Yo diría que, en el vínculo intersubjetivo, hay un más, un suplemento (un en-plus) que hace al otro irreductible a la representación que tengo de él, mientras en la relación de objeto, este último «está siempre más o menos marcado por el imaginario». Concluye que «las teorías de la relación de objeto no son por consiguiente teorías de la intersubjetividad, pero están incluidas en estas últimas» (p.87).

En sus diferentes artículos sobre la cuestión del vínculo, Kaës propone dos definiciones:

- una por el contenido: «Llamo vínculo a la realidad psíquica inconsciente específica construida por el encuentro de dos o más sujetos.»

- una segunda, en términos de proceso, que viene a precisar la primera : « Un vínculo es el movimiento más o menos estable de investiduras, representaciones y de acciones que asocian dos o varios sujetos para ciertas realizaciones psíquicas : cumplimientos de deseos, protección y defensa, levantamiento de prohibiciones, acciones comunes (hacer, jugar, disfrutar, amar juntos, etc.).»

Preocupado por conservar una perspectiva estrictamente freudiana y precisar cómo la noción puede ser pensada en una problemática psicoanalítica, Kaës pone el acento en su primera definición sobre la realidad psíquica inconsciente que, como lo repite en muchos de sus textos, es «el objeto constitutivo del psicoanálisis.» En cuanto a la definición en términos de procesos «incluye la inestabilidad de las investiduras, las representaciones y acciones como uno de los términos de la tensión que organiza el vínculo. Pienso aquí en lo que Proust nominaba las intermitencias del corazón.»

La especificidad de esta formación psíquica que es el vínculo implica una lógica distinta de aquella que organiza el espacio intrapsíquico, cuya fórmula sería : «no el uno sin el otro y sin el conjunto que los constituye y los contiene ; el uno sin el otro, pero en el conjunto que los reúne.» Esta lógica implica «que el vínculo en tanto intersección de espacios psíquicos comporta relaciones de inclusión y exclusión, de conjunción y disyunción. Ella contiene también la pregunta: ¿Qué es común, compartido y diferente ? Estas tres categorías tampoco van la una sin la otra.» Califica así lo que él llama el nivel lógico de su definición.

A partir de esta definición del vínculo tres cuestiones se plantean que permiten completar este análisis: la cuestión de los organizadores psíquicos, la de las exigencias del trabajo psíquico para hacer vínculo y finalmente la de las alianzas inconscientes que « son el fundamento de la realidad psíquica del vínculo y del sujeto.»

Respecto al tema de los organizadores psíquicos del vínculo, Kaës ha adelantado la idea de los grupos internos, especie de esquemas organizadores que ordenan las representaciones del grupo. Ha descripto siete principales "mostrando su rol de organizador psíquico inconsciente en la construcción de estas representaciones. Son: la imagen del cuerpo, los fantasmas originarios, los sistemas de las relaciones de objeto, la red de identificaciones, los complejos edípicos y fraternos, las imagos, la imagen del aparato psíquico.» En 1980, agrupará el conjunto de caracteres específicos de los grupos internos bajo el concepto de grupalidad psíquica que designa «las formaciones intrapsíquicas dotadas de una estructura y de funciones de ligazón entre las pulsiones, los objetos, las representaciones y las instancias del aparato psíquico, en la medida y bajo el aspecto en el cuál forman un sistema de relación que liga los elementos constituyentes unos con otros.» Podemos contraponer aquí a Kaës con Pichon-Rivière: para este último, como lo hemos indicado más arriba, los grupos internos son el resultado de la internalización de las relaciones psicosociales deformadas por el pasaje fantasmatizado del afuera hacia lo intrapsíquico. En el proceso grupal, ellos van a ser reactivados. Para Kaës, al contrario, ellos son, por una parte, los organizadores inconscientes del proceso grupal y por otra parte, son la expresión de la organización de la materia psíquica. Dicho de otro modo, « la grupalidad psíquica es el carácter general de la materia psíquica de asociar, desligar, nivelar, repetir, formar conjuntos dotados con una ley de composición, de transformación. […] La grupalidad psíquica posee una consistencia como formación y como proceso del inconsciente. […] La materia psíquica tiende a organizarse estructuralmente según el modelo de grupo

Para que el vínculo se mantenga, esos grupos internos no son suficientes y deben ser completados por otra serie de organizadores, los organizadores socio-culturales: « Estos son esquemas de figurabilidad y de significación construidos socialmente por el trabajo de la cultura y entre ellos los mitos son los representantes más acabados.» Estas dos series son movilizadas en los procesos de emparejamiento.

En un artículo de 1995, La exigencia de trabajo impuesta a la psiquis por la subjetividad del objeto y publicada en la Revista Belga de Psicoanálisis, Kaës introduce la noción de exigencia de trabajo psíquico afirmando que «se inscribe en un debate central del psicoanálisis : se podría decir inaugural, si se considera que concierne a la prevalencia que debe ser acordada a la realidad del objeto o a la realidad de la fantasía en la psicogénesis de las neurosis ; se sabe que persiste más allá del abandono de la Neurótica, y que nutre las transformaciones introducidas por la segunda teoría del aparato psíquico.» Agrega, para subrayar la actualidad de semejante debate, que « se encuentra en el seno de las investigaciones que tratan de lo que hoy llamamos la transmisión de la vida psíquica entre las generaciones, investigaciones que retoman las constantes interrogaciones planteadas por Freud sobre la función del otro en la psiquis del sujeto.» Entiende la noción de exigencia de trabajo psíquico en el sentido que Freud le da en su texto, Pulsiones y destinos de las pulsiones.

Si tomamos en cuenta el hecho que la pulsión aparece como un concepto fronterizo entre lo anímico y lo somático, - su fuente es biológica, proviene del interior del organismo –, la pulsión impone a la psiquis un trabajo psíquico.

El encuentro con el otro exige otro trabajo psíquico «para que las psiques o las partes de aquellas se asocien y se congreguen, para que se sientan en sus diferencias y se pongan en tensión, para que se regulen.»

¿Cuáles son entonces las exigencias de trabajo psíquico para formar vínculo? Kaës distingue cuatro principales. La primera se construye según el modelo del contrato narcisista tal y como Piera Castoriadis-Aulagnier lo describe.

Es «la obligación para el sujeto de investir el vínculo y los otros de su libido narcisista y objetal a fin de recibir a cambio las investiduras necesarias para ser reconocido como sujeto miembro del vínculo.» La segunda exigencia está constituida por «la puesta en latencia, la represión, el renunciamiento o el abandono de ciertas formaciones psíquicas propias del sujeto.» Reencontramos aquí lo que he analizado más arriba a propósito de los emplazamientos impuestos y consentidos cuando se quiere formar parte de un grupo: las coacciones psíquicas entre las cuales el abandono de una parte de sus identificaciones y de sus ideales personales en beneficio de los ideales comunes. Kaës destaca también una exigencia de no trabajo psíquico que me parece importante subrayar y que acompaña «los abandonos de pensamiento» que reencontramos en los grupos sectarios e ideológicos. «Debemos admitir que procesos de auto-alienación son puestos al servicio de las exigencias del vínculo.»

La tercera se caracteriza por «la necesidad de poner en obra operaciones de represión, de renegación o de rechazo para que las conjunciones de subjetividad se formen y que los vínculos se mantengan. […] Estas operaciones conciernen toda configuración vincular que asegura y sostiene los dispositivos meta-defensivos necesarios para su auto-conservación y la realización de sus metas. Por consiguiente, son a la vez requeridas por el vínculo y por los intereses personales que los sujetos encuentran en contraerlas.» Tocamos allí a las alianzas inconscientes defensivas de las cuales hablaré a lo último. Finalmente la cuarta «se articula con las prohibiciones fundamentales en sus relaciones con el trabajo de civilización (Kulturarbeit) y los procesos de simbolización.» Freud, en Malestar en la Cultura, insiste sobre lo que él llama «el paso cultural decisivo», a saber «la sustitución del poder del individuo por el de la comunidad. […] Su esencia consiste en lo que los miembros de la comunidad se limitan en sus posibilidades de satisfacción, en tanto que el individuo no conocía tal limitación.» Renunciar al cumplimiento de la satisfacción sin límites de metas pulsionales tanto eróticas como destructivas permite el establecimiento de la «comunidad de derecho» «garante de los vínculos estables y fiables.» El resultado de esta exigencia son las alianzas inconscientes estructurantes que analizaré luego.

Estas cuatro exigencias permiten crear un espacio común y compartido. Sin embargo, si son estructurantes, son también conflictivas. Esta doble polaridad deriva del doble estatus del sujeto tal como Freud lo enuncia en Introducción del narcisismo: «El individuo lleva realmente una existencia doble : en cuanto es fin para sí mismo y eslabón dentro de una cadena de la cual es tributario contra su voluntad o al menos sin que medie esta.» Esta idea a la cual Kaës vuelve con frecuencia en sus escritos, la encontramos implantada en el grupo : es la conflictualidad central del sujeto. Es inevitable.

En su libro, Les alliances inconscientes, (Las alianzas inconscientes), publicado en 2009, Kaës presenta la noción de alianza como una invariante antropológica, «pero sus formas son diversas, sus funciones y sus modalidades numerosas. Las alianzas están sometidas a las transformaciones que la historia social y cultural les impone.» Hace destacar que la investigación psicoanalítica se interroga sobre la relación que esas alianzas sostienen con el inconsciente como instancia tópica y trata de comprender el papel que desempeñan en el proceso de formación del inconsciente como en las manifestaciones de sus efectos. Su estudio parte de una proposición y de su corolario. La proposición se lee como sigue : «el inconsciente de cada sujeto lleva huella, en su estructura y en sus contenidos, del inconsciente de un otro, de más de un otro.» Corolario: «el inconsciente se inscribe y produce sus efectos en varios espacios psíquicos, en varios registros y en varios lenguajes, en el de cada sujeto y en el del vínculo mismo.» Esta proposición y este corolario constituyen el marco en el interior del cual la cuestión de las alianzas inconscientes puede ser pensada. Pero seria, primero, importante definirlas: son «  formaciones psíquicas comunes y compartidas que se anudan en la conjunción de relaciones inconscientes que sostienen los sujetos de un vínculo entre ellos y con el conjunto al que estan vinculados siendo parte interesada y parte constituyente de ese conjunto.» La definición hace resaltar su especificidad como formaciones psíquicas del vínculo. En tanto que son comunes y compartidas, se desarrollan en un espacio intersubjetivo y funcionan en los vínculos de grupo, de institución, de familia y de pareja. «Son sincrónicas o diacrónicas, escribe Kaës, y como tal un proceso mayor de la transmisión psíquica intergeneracional.» Recalca igualmente que son a la vez «un proceso y un medio de realización de metas inconscientes» de las cuales lo esencial sería el mantenimiento del vínculo y su instalación en la duración. Contrayendo alianzas, los sujetos de un vínculo refuerzan en ellos y entre ellos «las investiduras narcisistas y objetales de las que ellos tienen necesidad, los procesos, las funciones y las estructuras psíquicas que les son necesarias y que son resultantes de la represión, de la renegación, del rechazo y de la denegación. […] El conjunto así ligado (el grupo, la familia, la pareja) constituye su realidad psíquica a partir de las alianzas, contratos y pactos que sus sujetos concluyen y que su lugar en el conjunto los obliga a mantener.»

Para terminar, desearía recordar brevemente las tres grandes categorías de alianzas que Kaës distingue recalcando sus principales características. Las primeras son aquellas que tienen una función estructurante para la psiquis. El contrato de renuncia mutua a la realización directa de las metas pulsionales destructivas que he analizado más arriba es un ejemplo. El contrato narcisista de Piera Castoriadis-Aulagnier sería otro. ¿En qué son estructurantes estas alianzas? « «Considerarlas como estructurantes significa que reúnen, disponen, diferencian y construyen, escribe Kaës, la materia psíquica (sus formaciones y procesos) y la realidad psíquica que de allí resulta, en el espacio interno y en el espacio de los vínculos.» El pacto denegativo sería el paradigma de la segunda categoría constituida por las alianzas defensivas y patológicas. Perteneciendo también a esta categoría la comunidad de renegación y el contrato perverso. Son fuente de sufrimiento.«Tienen una función defensiva o patógena en el vínculo mismo, para su conservación o para mantenerlo como medio de realización de deseos prohibidos.» Son metadefensas. Fundadas sobre la denegación o la renegación, ellas son alienantes «porque vuelven ajenos a ellos mismos a los sujetos que se vinculan.» Finalmente una última categoría está constituida por las alianzas ofensivas. Se las puede definir como el acuerdo que establece un grupo en vista de un ataque, de una hazaña a realizar o de una supremacía a ejercer. El pacto entre los hermanos para suprimir al Padre en Tótem y Tabú es un ejemplo de ello.

No podría terminar sin evocar la cuestión de la tercera tópica que Kaës plantea y que desarrolla en Un singulier pluriel pero también de forma más detallada en su artículo titulado, Pour une troisième topique de l´intersubjectivité et du sujet dans l´espace psychique commun et partagé (Para una tercera tópica de la intersubjetividad y del sujeto en el espacio psíquico común y compartido). Haciendo referencia al 66e Congreso de psicoanalistas de lengua francesa que fue organizado alrededor de la cuestión de la tercera tópica, Kaës se demarca netamente de él : «Mi punto de vista sobre la oportunidad y el conocimiento de una tercera tópica es diferente : la diferencia se hace sobre la distinción entre una tercera tópica centrada sobre las relaciones de objeto, y una tópica fundada sobre la realidad psíquica de las configuraciones de los vínculos intersubjetivos y que asocia a esta última la posición del sujeto en la intersubjetividad.» La novedad de esta concepción reside en una nueva concepción del sujeto y una nueva metapsicología de su aparato psíquico. «Existe para una parte de cada sujeto del inconsciente un lugar ectópico, un topos inaccesible por los medios del método princeps del psicoanálisis – la práctica de la cura individual -, y por consiguiente impensable con las categorías de la metapsicología derivada de ésta.»

 

Traducción del francés al castellano efectuada por la Lic. Irma Morosini y revisada por David Benhaim

 

 

Nota del Editor

Partes de este artículo fueron publicadas en francés bajo el título Intersubjectivité et lien. Réflexions sur l’œuvre de René Kaës en la Revue de psychothérapie psychanalytique de groupe, n0 56, Paris, Érès, 2011, p.143-157
 

David Benhaïm

900 Rockland App. 309, Outremont, Québec, H2V3A2 Canadá, sigmundb@videotron.ca
 

 

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Resumen

¿Qué lazos existen entre las nociones de intersubjetividad y vínculo? El autor parte de la noción de intersubjetividad tal y como la define y analiza Bernard Brusset en su informe al 66 congreso de analistas de lengua francesa. Se trata para él sólo de una noción descriptiva. El autor critica esa concepción que queda muy apegada a la filosofía, y particularmente a la fenomenología existencial. Brusset queda apresado del punto de vista intrapsíquico que es fundamental cuando se trata de la cura individual. El autor lo enfrenta a la concepción de René Kaës que lo desarrolla en su sentido y su contexto europeo y desde una perspectiva grupal. Enfoca luego el autor la noción de vínculo a través de la obra de una serie de psicoanalistas como Bion, Enrique Pichon-Rivière, Marcos Bernard, Rodolfo Moguillansky, intentando retener lo que permitiría esbozar una teoría del vínculo. Finalmente, el autor nos presenta una reflexión muy detallada de la noción de vínculo en la obra de René Kaës íntimamente ligada con la de intersubjetividad.

 

Palabras clave

Alianzas inconscientes - aparato psíquico grupal - configuración vincular - emparejamiento - intersubjetividad - perspectiva grupal - relación de objeto - subjetivación - sujeto - vínculo.

 

 

Résumé

Quels sont les rapports entre lien et intersubjectivité? Lauteur part de la notion d'intersubjectivité telle que la définit Bernard Brusset dans son rapport au 66è Congrès des analystes de langue française. Il s’agit pour lui d’une notion purement descriptive. L’auteur critique cette conception qui reste intimement liée ¿ la philosophie, et particulièrement ¿ la phénoménologie existentielle. Brusset reste prisonnier du point de vue intrapsychique qui est fondamental lorsquíil s’agit de la cure individuelle. L’auteur le confronte ¿ la conception de René Kaës qui développe la notion dans son sens et son contexte européen et dans une perspective groupale. Il envisage ensuite la notion de lien ¿ travers l’úuvre de quelques analystes : Bion, Enrique Pichon-Rivière, Marcos Bernard, Rodolfo Moguillansky. Il essaie de retenir, dans ces conceptions ce qui permettrait d’esquisser une théorie du lien. Finalement, l’auteur présente une étude détaillée de la conception du lien dans l’úuvre de Kaës en la rattachant ¿ la notion d’intersubjectivité.

 

Mots-clés

Alliances inconscientes- appareil psychique groupal- appareillage- configuration des liens- intersubjectivité- lien- perspective groupale- relation d’objet- subjectivation- sujet

 

 

Summary

Which is the relationship between link and intersubjectivity? The author starts from the concept of intersubjectivity such as Bernard Brusset defines it in his report of the 66è Congrès of the analysts of French language. For him it´s a purely descriptive concept. The author criticizes this conception which remains closely related to philosophy, and particularly to existential phenomenology. Brusset remains prisoner of the intrapsychic point of view which is fundamental in the individual cure. The author confronts it with Rene Kaës’ conception who develops the concept in his european meaning and context and from the point of view of a group. He considers then the concept of link through the work of some analysts like Bion, Enrique Pichon-Riviere, Marcos Bernard, Rodolfo Moguillansky. It tries to retain, in these conceptions whatwould make it possible to outline a theory of the links. Finally, the author presents a detailed study of the conception of the link in the work of Kaës by attaching it to the concept of intersubjectivity.

 

Keywords

Unconscious alliances. - configuration of the links. - intersubjectivity. - link. – object relations.- prospect from the group. - psychic apparatus of the group.- subjectivation. - subject