Floris Generica - Eduardo Catalano                               Buenos Aires, Argentina


  
El Otro en la Clínica: Espejos y Máscaras
Leonor Valenti Greif

Introducción

En una carta escrita a Ian Rogers en 1969, Winnicott expresa: “Siento que soy un ‘lollard’ por naturaleza y la hubiera pasado muy mal en los siglos XIV y XV; incluso, estoy interesado en la palabra ‘lollard’ pero sería muy complejo describirte en una carta cómo se relaciona esto con mi trabajo”.[1]

Esta observación de Winnicott casi al final de su vida, despertó mi curiosidad y luego de una breve investigación pude establecer que los “lollards” formaron un movimiento[2] que anticipó la reforma protestante inglesa en el siglo XIV. Estuvo liderado de John Wycliffe, filósofo, teólogo y profesor de la Universidad de Oxford.

Esta simpatía de Winnicott por los lollards, -consistente con su credo liberal-, se traduce en el campo psicoanalítico en la oposición que siempre manifestó a toda forma de dogmatismo que amenazara con sofocar la emergencia de un pensamiento original, singular y creativo.

“Lollard” en una de sus acepciones significa “aquella hierba que puede crecer entre las piedras”. Quizás, por lo alegórico, por su naturaleza vital, rebelde e innovadora, Winnicott podría compararse a los lollards.

Los gestos y giros superadores que se atrevió a realizar en la teoría y la clínica, tuvieron a veces, un alto costo. Un ejemplo significativo podría ser el episodio de noviembre de 1968 cuando presentó en la Sociedad Psicoanalítica de Nueva York su trabajo acerca del uso de un objeto. Este escrito tuvo una mala recepción dentro de la comunidad psicoanalítica local y Winnicott fue duramente atacado en la discusión que siguió a la presentación. Su forma de presentarse, su estilo, la forma en que empleaba las palabras del lenguaje psicoanalítico conocido y la formulación de sus aportes teóricos sonaban extraños para estos otros psicoanalistas.

También debió afrontar, las resistencias que le oponían algunos de sus colegas destacados de la Sociedad Psicoanalítica Británica pues Winnicott no se ajustaba a las definiciones taxativas. Así acuña términos propios o utiliza los conceptos de acuerdo a su estilo singular, situación que lo hace libre pero a la vez lo expone a las críticas.

Winnicott reconoce el valor de la convicción interior para dar significación y valor a lo percibido, lo pensado y lo experimentado. Ello reforzó su respeto por la singularidad que hace a cada sujeto como persona.

 

El sujeto ético y sensible

Considera como logros de la subjetivación la importancia del ser uno mismo, sentirse real, espontáneo y creativo. Destaca también que la capacidad para afirmarse como “yo soy” es contemporánea y complementaria al registro del “otro” en sus diferencias.

 

El otro y el Reconocimiento

En una famosa carta a Melanie Klein (1952), Winnicott le dice:

“Lo que yo quería el viernes, era sin duda que hubiera habido un movimiento de su parte en dirección al gesto que hago en este artículo.

Es un gesto creativo y no puedo establecer ninguna relación a través de este gesto sino hay alguien que salga a su encuentro.

Pienso que yo quería algo que no tengo ningún derecho a esperar de su grupo, y que realmente tiene la naturaleza de un acto terapéutico, algo que no percibí ni recibí en ninguno de mis dos largos análisis, aunque sí recibí tantas otras cosas...”.

Pedido y confesión que entrañan el deseo de ser reconocido por lo que él llama sus gestos espontáneos. Deseo que motorizó sus aportes al psicoanálisis y lo acompañó toda la vida.

En sus escritos tardíos, Winnicott, enfatiza la importancia de ser uno mismo, SER, YO SOY, son palabras que aparecen escritas con mayúsculas.

El establecimiento de lo propio individual (“individual personnality”) tiene su origen en el par de crianza, primer momento de la estructuración psíquica en que para el bebé el otro es el sujeto. En la identidad sujeto-otro se encuentran los cimientos de esta capacidad de ser, “única base para el autodescubrimiento y el sentimiento de existir”.

El rostro del otro es condición fundamental de la humanización y el yo nace en el encuentro con la corporeidad del otro. Su sostén, sus caricias, su voz y su mirada reflejan integrado lo vital que hay en el infans, facilitándole el reconocimiento de esta vitalidad como propia y también, con su presencia, el otro acota e impide la emergencia de las angustias vinculadas a la muerte y a la aniquilación psíquica a las que Winnicott llamará agonías primitivas.

Así podemos ver que los fallos graves y tempranos de lo materno dejan cicatrices de no-vida, de la nada o de locura en el self que a modo de estigma pueden llegar a condicionar las investiduras del sí-mismo, del otro o de los otros en el curso de la vida.

El sentido del “gesto espontáneo”[3] (como impulso del self verdadero)[4] puede entenderse como una dimensión a desplegarse que adquirirá sentido y estará condicionado, en un primer tiempo por la respuesta materna.

Cuando la función del otro materno se realiza lo “suficientemente bien” (‘good enough’), su presencia/ausencia acompasadas constituirán la trama en la que se sostiene el efecto estructurante del par ilusión/desilusión que irá desarrollando en el infans un incipiente registro de las diferencias, provocando cierta frustración que -cuando es gradual- favorece la separación, el reconocimiento de la realidad, la construcción de la ausencia y se sentarán las bases de la formación de símbolos,

Los logros de la maduración incluyen tanto el amor como la integración del propio potencial agresivo en la relación con el otro.

 

El rostro de la madre como precursor de los espejos

Podemos decir con Winnicott que el precursor del espejo es el rostro de la madre. Representa a ese otro quien con su necesaria presencia produce ese ser reflejado (“reflecting back”) que permite a través de la experiencia la integración de lo psíquico. Podríamos decir que opera como un organizador de los funcionamientos mentales primarios. La estructuración psíquica se realizará en base a la sumatoria de las experiencias con el otro en cuanto a mirarse, mirar y ser reflejado. Así se irá organizando el establecimiento del self que implica la afirmación del YO SOY, el reconocimiento de uno mismo, operación que para constituirse necesita de otra persona que es y que está allí.

Considero que estos primeros estadíos de ser visto, espejado y sostenido por el otro conforman lo más profundo del Self.

Si la madre falla en su función espejante, cuando el bebé la mira sólo la ve a ella (deprimida, ausente, indiferente, impredecible, agresiva...). Esta galería de rostros maternos quedaría incluída -a modo de identificaciones primarias- en este self incipiente.

Cuando la realidad irrumpe intrusivamente, genera una desilusión precoz, que como consecuencia ocasionará una reacción defensiva para poder sobrevivir la capacidad del pequeño para atribuir sentido a las cosas del mundo.

En general los niños suelen adaptarse, pero cuanto mayor es la exigencia de adaptación, mayor será la inhibición de su espontaneidad y la percepción reemplazar a la apercepción. Estos primeros desencuentros con el otro le generarán, en consecuencia, grandes dificultades para verse reflejados en los nuevos espejos que se sucederán en el transcurso de su vida.

 

El Psicoanálisis

Semblante complejo de los primeros espejos

Siguiendo a D. W. Winnicott, podemos considerar que el campo analítico es un espacio potencial que el analista contribuye a crear y es un área intermedia de experiencia.

El analista se ofrece para ser usado por el paciente, como un ambiente propicio (sostén) donde generar un espacio potencial [5] en el que pueda desplegar el juego y la producción simbólica.[6]

El análisis sería -para este autor- un derivado complejo de ese primer rostro que refleja lo que se puede ver en él: “pienso que esa tarea de reflejar lo que el paciente trae, no es algo fácil y resulta emocionalmente agotador[7], y es a partir de este aspecto de la función analítica desde donde surgirán las interpretaciones que le darán el pleno sentido al gesto espontáneo que el paciente nos trae en cada sesión.

 

El analista como objeto de uso

En relación con ello Winnicott asevera:

“Para mí, esto significa comunicarse con el paciente desde la posición en que me coloca la neurosis (o psicosis) de transferencia. En esa posición tengo algunas de las características de un fenómeno transicional, puesto que aunque represento el principio de realidad, y soy yo quien debe estar atento al reloj, para el paciente, no obstante, soy un objeto subjetivo”.[8]

En esta instancia, Winnicott sugiere que el analista despeje en el paciente la equívoca “impresión de que comprende todo”. [9] De allí que debe mantener cierta cualidad de exterioridad, incluso al equivocarse en sus intervenciones.

Si la interpretación resulta adecuada, el paciente se apropia de su sentido “por proyección subjetiva”, abriendo el camino para reconocer su gesto espontáneo.

Si resultara prematura, por el contrario, conlleva el riesgo de interrumpir (desde lo real) el flujo asociativo del paciente.

A este respecto Winnicott afirmó que:

“Me aterra pensar cuantos cambios profundos impedí o demoré en algunos pacientes...debido a mi necesidad personal de interpretar”.[10]

 

Ética e idoneidad del analista

La importancia de la actitud profesional

En la actitud profesional están mutuamente incluidas: el conocimiento, la pericia, la idoneidad y la ética del psicoanalista que lo habilitan y lo hacen responsable para desempeñar su función. Sin duda, la ética se constituye en el factor determinante de la trama simbólica que sostiene el espacio analítico debido a las implicancias que tiene en el devenir de la cura.

Las intervenciones del analista estarán guiadas por su “actitud profesional”[11]. Winnicott, a este respecto, dirá: que “ésta se parece al simbolismo, en cuanto supone una distancia entre el analista y el paciente”.

La función del analista se sostiene en la persona. Si el analista por su problemática subjetiva expresada en la contratransferencia, se muestra o se presenta en exceso como la persona que es, o se sostiene en su función mediante una rígida estructura defensiva la conducción de la cura estará contaminada por sus propios gestos.

El paciente atribuye al analista un saber y le supone un deseo: ¿qué se desea de mí? Es función del analista mantener la pregunta en suspenso. A modo de una paradoja que se transformará en una de las fuerzas propulsora de la cura[12]. De esta manera, se facilita el despliegue de la fantasmática del paciente en la transferencia.

El analista capaz de tolerar las paradojas planteadas por el paciente favorece la creación del espacio analítico que le permite a este sujeto desplegar su creatividad.

Aceptar las paradojas implica para el analista suspender la interpretación, hasta tanto el paciente esté preparado para recibirla. Sólo cuando esté en condiciones de descubrir (o crear) su sentido, podrá vivenciarla como auténticamente propia.

En este marco adquiere significación “el percatamiento” que acompaña a los fenómenos de insight, reveladores de que algo del orden de lo personal verdadero fue interpretado o descubierto en el curso de la relación analítica.

Cuando las interpretaciones se inspiran en el mero registro de la estructura pasan por alto el carácter estrictamente personal del sujeto humano. Siendo teóricamente consistentes, pueden no llegar a reflejar apropiadamente el gesto espontáneo. No tendrán el anclaje necesario para representar en el paciente a esa configuración única que es su persona real y concreta.

 

De gestos y máscaras[13]

Puede ocurrir también que el analista refleje intrusivamente su propio gesto. Cancela este espacio como oportunidad para que el paciente pueda superar las restricciones madurativas consecuentes al fallo ambiental que originalmente sufriera con su madre. Esta intrusión del analista obtura la expresión del gesto espontáneo del paciente en la transferencia.

También podemos hacer mención a las estereotipias interpretativas que operan como un adoctrinamiento del paciente y están más al servicio del deseo del analista. De esta manera, el análisis en lugar de cimentar el progreso de aquello que es auténticamente genuino induce, por el contrario, a la hipertrofia de su falso self.

 

En busca de la persona

En una adecuada tensión elástica entre holding e interpretación, se funda una relación analítica que propicia el afianzamiento del paciente en su sí mismo[14] y aumenta el sentido de su independencia (libertad).

El paciente puede llegar al análisis con algunas de estas preguntas: ¿qué me quieren?, ¿quién soy?, ¿qué hago?, ¿qué tengo?... ¿qué me quiero?

Para concluir, y a modo de metáfora clínica[15], voy a citar un fragmento de Alicia en el País de las Maravillas en el que Alicia dice:

“¿Era yo la misma esta mañana al levantarme? Casi creo recordar que me sentía algo diferente. Pero si no soy la misma la pregunta siguiente es ¿quién soy yo? ¡Ah! ¡Eso si que es un misterio!”. “De nada les servirá que metan sus cabezas por el pozo y me digan sube acá arriba, cariño; me limitaré a mirar hacia arriba y a replicar, a ver, ¿quién soy? Decidme eso primero y luego, si me gusta serlo, subiré, y si no me quedaré aquí abajo hasta que sea otra persona que me guste más. . Pero ¡ay de mi!, sollozó Alicia, ¡cómo me gustaría que de verdad se asomasen al pozo! ¡Estoy tan cansada de estar sola aquí abajo!”.[16]

Pregunta de tantos pacientes sobre el quien soy, que no está en relación con la demanda de una respuesta manifiesta del analista, sino que pone en juego su capacidad para reflejar e interpretar al paciente.



Leonor Valenti Greif
Médica Psicoanalista. Miembro Titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

 


Notas

[1] Archivos Winnicott: New York Hospital – Medical Center. Phillips página 51.

[2] Precursor de la reforma protestante iniciada en Alemania con Lutero que luego se expandió al resto de Europa continental.

[3] Gesto: Cualquier movimiento físico o expresión vocal que contenga significación y evoque una respuesta en otra persona o personas. En G. H. Mead: Mind, Self and Society, Chicago, University of Chicago Press, 1934. Espontaneidad: es la cualidad de ser libre de sentimientos de coerción debidos a obligaciones y deberes situacional. En: “Diccionario de Sociología”, G. A. Theodorson, A. G. Theodorson, Biblioteca Lexicon Paidós. 1ª. Edición, 1978.

[4] En las etapas más tempranas, el self verdadero es la posición teórica de la que proviene el gesto espontáneo y la idea personal. El gesto espontáneo es el self verdadero en acción. Sólo el self verdadero puede ser creativo, y sólo el self verdadero puede sentirse real. Mientras que un self verdadero se siente real, la existencia de un self falso da por resultado una sensación de irrealidad o futilidad. D. WINNICOTT: “La distorsión del yo en términos de verdadero y falso self”, 1960.

[5] El espacio potencial... es un área hipotética que existe (pero que puede no existir) entre el bebé y el objeto (la madre o parte de la madre) en la fase de repudio del objeto como no-yo, es decir, al final de la etapa de fusión con el objeto". D. WINNICOTT, 1971, p. 107.

[6] ...llenándose el espacio potencial de la forma que describo" (es decir, con la ilusión, con el juego y con símbolos) (D. WINNICOTT 1971, p. 108.

[7] D. WINNICOTT. “El rostro de la madre como espejo” en Realidad y Juego.

[8] D. WINNICOTT: “Los Fines del Tratamiento Psicoanalítico”, 1962.

[9] “Si no interpreto, el paciente tiene la impresión de que lo comprendo todo. En otras palabras, al interpretar logro conservar una cierta cualidad externa por no dar totalmente en el blanco, o incluso por equivocarme”. D. WINNICOTT: “Los fines del Tratamiento Psicoanalítico”, 1962.

[10] D. WINNICOTT: El uso de un objeto y el relacionarse mediante identificaciones, 1968.

[11] Attitude (Function: noun) 2: a position assumed for a specific purpose . Professional (Function: adjective); b: engaged in one of the learned professions; c (1) characterized by or conforming to the technical or ethical standards of a profession. The Merriam–Webster Dictionnary

[12] Citado por Dylan Evans.

[13] Mask (Function: noun): Etymology: Middle French masque, from Old Italian maschera. 1 a (1): a cover or partial cover for the face used for disguise. 2 a: something that serves to conceal or disguise : PRETENSE, CLOAK <aware of the masks, facades and defenses people erect to protect themselves. The Merriam-Webster Dictionnary. Partiendo de aquí cabe formular un principio fundamental de la existencia: aquello que procede del verdadero self se siente como real. D. WINNICOTT: “Aspectos metapsicológicos y clínicos de la regresión dentro del marco psicoanalítico”, 1954.

[14] Partiendo de aquí cabe formular un principio fundamental de la existencia: aquello que procede del verdadero self se siente como real. D. WINNICOTT: “Aspectos metapsicológicos y clínicos de la regresión dentro del marco psicoanalítico”, 1954.

[15] Imagination (Function: noun) 1: the act or power of forming a mental image of something not present to the senses or never before wholly perceived in reality. The Merriam-Webster Dictionnary. Fantasy (Function: noun): 2: FANCY; especially: the free play of creative imagination 3 : a creation of the imaginative faculty whether expressed or merely conceived: as a : a fanciful design or invention. The Merriam-Webster Dictionnary.

[16] Lewis Carroll: “Alicia en el país de las maravillas”, Cap. “El charco de lagrimas”, Págs. 46-47, Alianza Editorial, Bs. As. 1990.